El sábado ensayamos Notas de Cocina, el examen del Taller de Montaje sin el profesor. Pensé que iba a ser caótico, pero no. De a poco nos fuimos ordenando. ¡Hay tanto detalle por ordenar! Creo que olvidamos la emoción, pero ese trabajo irá surgiendo en la medida que la estructura quede clara. Si uno conoce la acción, se debería llegar a la emoción de manera diferente. La emoción debería, por lo tanto, ser un resultado vivido en la medida que la acción se internaliza en la memoria corporal. De tanto repetir, de alguna forma se comienza a dejar la realización automática de una secuencia de planta de movimientos para que luego fluya.
Por mi parte, siento que vestirme de Lourdes me ayuda a impregnarme de ella. Ya me he acostumbrado a llegar y vestirme como ella. No es lo mismo ensayar con buzo que con la ropa del personaje. Hay ciertas posturas y movimientos que cambian cuando se está con minifalda y tacones, aunque los tacones sean de pocos centímetros. Está claro que la ropa no hace al personaje, pero sí lo complementa. Es como cuando dicen que el dinero no hace la felicidad, pero pucha que ayuda.
Me convenzo cada vez más que el personaje no existe. He llegado a pensar que es el desdoblamiento de uno mismo. Como salirse a otra dimensión en cuerpo y mente para luego volver. Lo que menos quiero es que Lourdes sea una caricatura, que se vea falsa, pero pienso que para eso yo debería hacerla verdadera. Creerme el cuento, su historia, su soledad, su mala suerte con los hombres, su obsesión con un tipo enfermo, depresivo. O como debiera ser, impregnarme en ella, que su esencia entre en mí como agua que sale de una esponja y brote por mi cuerpo.
De ensayar de 10:30 a 13:00 horas vino un break y luego me tocaba ir a otra parte, la DIBAM para ensayar "La Confesión", una obra basada en la desmitificación de la vida de Catalina de los Ríos y Lisperguer, más conocida como La Quintrala. Nada que ver con "La Doña" sino todo lo contrario. Hay un cambio importante. Hay actrices "profesionales" y la directora marca la diferencia con eso siempre. No es que lo haga notoriamente, pero hay una diferencia en el trato. Algunas actrices profesionales también marcan la diferencia. No estamos afiatados como grupo. Eso se nota. Y yo lo percibo porque el trabajo con mis compañeros de escuela es totalmente distinto. Más power, aperrado. Acá no se llega directo a actuar. Hay pequeñas reuniones, se tratan temas de producción. Vino la diseñadora de vestuario a tomarnos las medidas. Se dilataba el comienzo del ensayo. El espacio es bueno, la acústica no tanto. Estamos ensayando en lo que antes fue el convento de la Recoleta Domínica, al lado de mi colegio. Estoy cansada, lo reconozco. Me falta energía. Dije que los viernes no iba a salir, pero salí igual. No me acosté tarde, a la 1:30 am ya estaba durmiendo. Creo que necesito más horas de sueño para rendir bien los sábados. En la tarde moría por una Red Bull!!!
Comenzamos a ensayar. Se me confunden las entradas y salidas, reconozco mi falta de concentración a veces. ¡Soy muy volada! Mi personaje (mi otro yo) en este caso se llama Rosarios Ay, una mulata que está en la casa de Catalina para prestar todo tipo de servicios, incluido el sexo, al padre de ella, Don Gonzalo de los Ríos. Rosarios Ay es histérica, gritona, sus llantos son exagerados. En este caso ella no es la realidad de Rosarios Ay, sino como es recordada en la memoria de Catalina. Observo como actúan los otros actores. Se me ocurren cosas, creo que la puesta en escena olvida lo que es teatro contemporáneo. Pondría a algunos personajes de espalda. Otros caminando por atrás, como si fueran fantasmas. Es mi imaginario. Me reconozco creativa. Con la directora nos une una larga amistad. Creo que hablaré con ella. Algunos actores actúan a la antigua. "Actúan". Quizás es porque la obra se está armando aún y se están buscando los personajes. En una parte una actriz me tiene que mirar a los ojos para yo poder sacar la mirada. No lo hace. Se lo recuerdo. Falta un actor hombre. Me incomodan estos detalles, pero reconozco ser flexible y tener paciencia. El ensayo se hace eterno.
Son las 7 de la tarde del sábado y estoy agotadísima.
El domingo voy al teatro Mori Bellavista a ver "Sangre como la mía" . Estoy absolutamente convencida que para los actores siempre será una buena escuela ir a ver obras de teatro. Conocer otras propuestas e internalizarlas en el cerebro. Guardarlas en el disco duro, para inspiración de otras ideas. Me gusta ver personajes caminar detrás de telas transparentes. Sugieren presencia/ausencia. También el inconsciente revelado. Y que un actor interprete varios roles. ¡Siempre lo he encontrado un tremendo desafío! Nunca me ha tocado.
En la obra actúa Ernesto Orellana, quien fue mi profesor de Expresión Corporal. Importante el cuerpo en escena. La obra toca el tema de la homosexualidad masculina en los años 50. Me gusta el cuerpo humano al servicio del texto. Me liga la obra a un concepto, a algo concreto, a una presencia en escena, un peso, un movimiento, un desequilibrio, un contrapunto. Me acordé del laboratorio que hice con él. Lo performático en escena. Lo pasé muy bien. Siento que mi fuerte es la corporabilidad. A veces, sueño con bailar todo el día. Siento que hasta podría gritar con mi cuerpo.
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